lunes 30 de noviembre de 2009
De cómo la escriba defiende las obsesiones y ataca la psicología luego de ver El secreto de sus ojos
sábado 21 de noviembre de 2009
Arte poética II
martes 3 de noviembre de 2009
Todopoderosa

martes 20 de octubre de 2009
Último trámite

sábado 10 de octubre de 2009
Día del maestro en la montaña

lunes 28 de septiembre de 2009
Algunos apuntes sobre el arte

El maestro dijo: “Niños, para el lunes van a traer una redacción sobre la vaca”. ¡Amplio mundo el vacuno! “¿Sobre que hablaré? –se preguntaba Marito-, ¿sobre el cuero?, ¿sobre la leche?, ¿sobre su relación con el toro?, ¿sobre su destino de parrilla?”. El infante se fue a su casa perseguido por cientos de preguntas. Ese fin de semana no durmió (o al menos lo intentó contando vaquitas).

¿Qué mueve al arte? ¿Qué nos arrastra, como público, a la contemplación de lo bello? ¿Qué motiva al artista a materializar sus obsesiones, sus sentimientos, su yo más íntimo? Sin duda la búsqueda de placer. Placer por hacer, por mirar, por escuchar, por tocar. Así, el creador, movido por este sentimiento, emprende un viaje que lo lleva a desafiar la materia: urde tramas nuevas con palabras viejas, pica la piedra y encuentra un cuerpo humano nunca antes visto, plantea en el lienzo nuevos sentidos para el azul. El final de esta tarea creativa es conflictivo. Muchas veces se presenta como una batalla campal que enfrenta al artista con su obra. Allí el placer es dolor, es alumbramiento: el objeto se escapa de las manos de su dueño, ya no le pertenece.
El público también busca satisfacer sus deseos de belleza. A veces lo logra, otras no. Cuando sucede lo primero atesora el arte que logra conmoverlo y así conforma un repertorio íntimo de experiencias estéticas: fragmentos de películas, diálogos de una obra de teatro, cuadros, motivos musicales, episodios de una novela, versos, poemas completos. Su identidad se enriquece con estos elementos. En mi caso, esta galería de recuerdos se nutre con el comienzo de La consagración de la primavera de Stravinski, la pintura El grito de Munch que confluye en esa boca–agujero negro que parece tragar todo el cuadro y al desprevenido observador que no fue preparado para semejante viaje, El álbum blanco de los Beatles, la poesía de Miguel Hernández, las morellianas de Rayuela… hay mucho más pero curiosamente esto es lo primero que me viene a la mente cuando repaso este inventario personal. Cada individuo hace recortes parecidos al mío. Todos válidos. Ninguno mejor o peor. ¿Con esto pretendo afirmar que toda apreciación del arte es subjetiva?
En otro orden, lo objetivo se impone a través de “escalas de valores estéticas” que proponen criterios para evaluar la calidad de una obra. Categorías como “maestría en la ejecución”, “originalidad”, “armonía de elementos internos” se usan para inmortalizar o condenar un trabajo. La que esto escribe poco cree en estas gradaciones, más bien se deja invitar por la emoción. Hasta ahora su brújula no la ha traicionado. Nunca, por ejemplo, contemplará extasiada
¿Tiene sentido una obra de arte que no se expone, que no se desnuda frente a la mirada de un público, sino es para comunicar algo? Esa es una de sus funciones sustantivas. El autor transmitirá sus sentimientos buscando empatía con su destinatario. Muchas veces lo logrará, pero en otras ocasiones las emociones del público serán diferentes a las del artista, incluso opuestas. Cuando esto último ocurre, la comunicación no se ha roto, por el contrario, ha creado nuevas respuestas que, incluso, pueden ser útiles para que el creador (si vive) reflexione y reformule algunos aspectos de su trabajo.
Tolstoi[2] incluso funda en esta posibilidad de intercambio social el objeto del arte: “lo artístico propiamente dicho no empieza hasta que el creador experimenta una emoción y quiere comunicarla a otros, y recurre para ello a signos exteriores”. Incluso plantea la posibilidad de experimentar nuevas sensaciones a través de lo estético: “un hombre cualquiera es capaz de experimentar todos los sentimientos humanos, aunque no sea capaz de expresarlos todos. Pero basta que otro hombre (el artista) los exprese ante él para que enseguida los examine él mismo, aún cuando no los haya experimentado jamás”.
EN LAS MARGINALIAS
¿Qué sucede cuando una obra no goza del consenso generalizado del público y de la crítica y se pone en duda su validez estética? Muchas creaciones del s. XX entran en este fangoso terreno de dudas. Son obras provocadoras, corrosivas, no aptas para espíritus conservadores. Allí se encuentra Fuente[3] de Marcel Duchamps, un urinario de porcelana que ilustra la idea de sacar un objeto corriente de su marco habitual y situarlo en un contexto nuevo y desacostumbrado; la poesía surrealista, la pieza musical de Cage
Así lo entendieron las vanguardias de principios del s. XX cuando, en el fragor de
Faltaron muchos temas por tratar (tampoco Marito se refirió a todos los aspectos de la vaca) pero intenté plasmar algunas impresiones que venía cavilando desde hacia algún tiempo. En síntesis, el arte es emoción, es placer, es empatía, es comunicación. También es provocación, cambio de conciencias, revolución. Pero sobre todo es, tomando las ideas de Platón, “estado de almas desprendidas, posibilidad de contacto con las esencias puras”.
¿Y todo lo demás? Es artesanía, decoración, material de estudio para la arqueología.
[1] Platón (1950) Diálogos. Buenos Aires, Jackson, pp. 208 – 211
[2] Tolstoi, Lev Nikolaevich (1992) ¿Qué es el Arte? Barcelona, Ediciones Península.
[3] Obra de 1917. Porcelana. Su altura es de
[4] Esta composición de John Cage data de 1954. “Allí, simplemente, un pianista (aunque la obra está pensada para cualquier instrumento o ensamble) se queda en silencio, sin hacer nada, durante el período pautado por el título […] La obra es lo que sucede en la sala mientras tanto y es una clase de composición que basa su funcionamiento en el factor sorpresa (por lo que excluye automáticamente el volver a ser presentada)”. Fischerman, Diego (1998) La música del siglo XX. Buenos Aires, Paidós. p. 95.
[5] Tzara, Tristan (1896-1963), ensayista y poeta francés nacido en Rumania y conocido principalmente por ser el fundador del movimiento dadaísta.
[6] La obra fue realizada en 1985 en impervo sobre aluminio. Su tamaño es de 40,6 x


